lunes, abril 04, 2005

otoño

En el otoño los porqués caen como las hojas. Montones y montones de preguntas sin respuesta que se cuelan por las rendijas, me sobrevuelan, me rodean, se clavan en lo más profundo de mi cabeza y me dejan desconcertada, dolorida y triste.
No entiendo por qué hacerse preguntas sin respuestas y menos aún entiendo preguntarse cosas y no aceptar las respuestas pero aún así seguir con los interrogantes colgados, como esos globos desinflados que se quedan tras una fiesta y hacen la resaca más desagradable, más intensa; peor. Siempre peor, siempre avanzando hacia atrás, apretando más fuerte las ligas, cortando la respiración, torturándome.
Guerra de guerrillas, mentiras, gritos, decepciones. Listones demasiado altos, fronteras demasiado extensas, muros que no se pueden escalar, puertas cerradas, callejones sin salida.
Autocompasión, desprecio por la rutina, incapacidad de encontrarle sentido a nada, sonrisas que nacen y mueren en el mismo instante, frustración, desidia.
En el equinoccio de otoño las horas de sol son las mismas que las horas de luna. Da igual. La vida es solo una sucesión de horas hilvanadas con suave fibra, horas que se derraman, que ruedan por mi cuerpo y desaparecen tras de mi dejando un inmenso vacío, una oscuridad hueca. Y en medio de la negrura de la nada no siento siquiera mi corazón latir, tan ocupada mi cabeza de buscar toda la basura posible para echármela encima.
Decidir está pasado de moda, solo queda esperar y resulta tan tedioso, tan agobiante, tan frustrante que hace que al final me rebele, pero muy despacito, solo después de que los montones de hojas, los montones de pensamientos aplasten mi pecho, me nublen la visión y me hagan trizas los sueños, las esperanzas, las ganas de vivir.
En la bodega no me quedan sonrisas, está tan vacía como mis lacrimales; solo quedan unos botones, billetes de autobús, recuerdos amarillentos de tiempos mejores pero ya arrugados, difusos.
Me cuesta creer que la vida sea tan dura, me niego y me dejo llevar por la corriente, sin fuerzas para patalear, para nadar, para salir a flote.
Hace ya demasiados días que suena el despertador y grito no. No, no, no, no, no, no, no, no quiero, no puedo, no. Por favor, no

2 Comments:

Blogger Manos de Ámbar said...

Seguro que estos pensamientos fueron provocados por algo muy distinto a lo que a mí me carcome cada cierto tiempo o toda mi vida, seguro que los tuyos tienen mucha más base real y son más coherentes y están más justificados pero al leerlo siento que comparto cada palabra, en otro momento lo haría en un presente, ahora lo hago en un instante.

7:32 p. m.  
Blogger Lince said...

no manos
ninguna desdicha está más:justificada o admitida o entendida o ...
lo que le duele a uno duele más pese a no ser justo, pese a no sentirse culpable.
cada uno lleva la carga como puede o sabe, o se inventa por el camino.

piensa siempre lo que decía Coelho (ese graaan cocinero): nunca pienses que tus desdichas son mayores que las de los demás; tampoco tus alegrías.
simplemente, no compares.

11:30 p. m.  

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